Maruri-Jatabe, 13 de noviembre de 2022,
Hace 40 años, tal día como hoy, se materializó el viaje musical que había comenzado tres semanas atrás. Fue entonces cuando mis padres, por consejo de mi profesor, decidieron comprarme mi primera trikitixa y fue entonces cuando comenzó una historia que llega hasta el día de hoy.
Sería a finales de 1982 cuando, acompañado por mi padre, fuí por primera vez a Andraka. Allí, desde el coche, vi a Rufino y a mi padre hablando delante del bar. “Itxaroizue San Frantzizkoak pasau arte eta etorri gura dozuenean” (Esperad hasta que pasen las fiestas de San Francisco y venid después) fue la frase con la que Rufino terminó aquella conversación. Aproximadamente quince días después, recibí mi primera clase y, para ensayar en casa lo aprendido en esa sesión, Rufino me dejó un acordeón viejito y de escaso fuelle. Aunque para aquel entonces yo ya llevaba unos cinco años tocando el acordeón de teclado, cogí el pequeño con muchísimas ganas. Y así, en menos de un mes, montados en el “dos caballos” de mi padre emprendimos viaje para comprar mi primera trikitixa. Primero, recogimos a Rufino en Andraka y luego nos dirigimos rumbo a Zarauz. Yo iba detrás, contentísimo; sin embargo, cuando menos lo esperábamos, llegó nuestro primer imprevisto: nos embistió el coche que venía detrás.
Temiendo el retraso, empezaron a aflorar mis nervios, los nervios de un chaval de 13 años. Empecé a pensar que no llegaríamos y estuve a punto de echarme a llorar. Pero poco tiempo después, de nuevo la alegría, ¡Volvíamos a ponernos en marcha! A decir verdad, no recuerdo gran cosa, solo a Rufino y mi padre conversando, poco más. En el viaje de vuelta no paré de tocar con mi trikitixa nueva, y recuerdo como Rufino señalándome con el dedo dijo: “Haor dekok, honek urtengo jok!” (Ahí lo tienes, este va a llegar!). En adelante tuve siempre mi propio acordeón. Semanalmente acudía a Andraka, me esforzaba en memorizar lo que Rufino me enseñaba y me iba rápido a casa para refrescar lo que habíamos ensayado en la clase. En breve recibí una sorpresa: inesperadamente y sin preaviso llegaron las primeras actuaciones. Para un adolescente de 13 años era emocionante ir de plaza en plaza con dos generaciones de músicos mayores, entre los cuales se encontraba Kepa que luego se convertiría en mi compañero de viaje. Mi primera plaza fue Gatika, San Marcos, y de ahí en adelante vino todo seguido: la fiestas de San Pedro en Mungia, el rabú de Urduliz, las fiestas de Santiago en Gorliz, el día de San Igancio en Sestao, Andra Mari en Gorliz, San Lorentzo en Jatabe (ver las fotos), San Bartolomé de Gatika, la Aste Nagusia de Bilbao (B.D.B), las fiestas del barrio La Cuesta de Zierbana, las de Larrabasterra, el día de las y los veraneantes de Sopelana y, una fecha que se ha quedado grabada en mi cerebro para siempre, el día de las y los músicos mayores, primer domingo de octubre, día en el que me encontré por primera vez con el pasado de nuestra música; y otros tantos y tantos…
¿Y desde entonces qué? Un largo camino lleno de experiencias.
Eso es 40/04!, 40 años sumergido de lleno en el mundo del acordeón diatónico,y 4 generaciones de la mano en ese viaje.
Aquí encontraréis información sobre ello a través de 40 melodías, y entre ellas gran cantidad de anécdotas, amistades y pequeñas historias.
Roberto Etxebarria Goikoetxea